
Pienso... pienso.. creo que pensar fue la tarea a la que le he dedicado más tiempo en estos días. No sé si es a causa de faltas de respuestas a esas preguntas que ha modo de flechazos me perforan la mente, el corazón, el estómago y el alma.
¿Por que? ¿Que pasó? Desde cuando? donde fue? ... estará bien?
Desconfío...
Pienso que la desconfianza a veces es una coraza que te proteje de la mentira, del engaño, de la doble cara, pero tambien hace imposible el dejar entrar a personas que hacen bien... Ahora algo de eso me pasa, pero básicamente sólo confío en las personas que me han mirado a los ojos.
Ella...
Su primera huella la dejó en una tarde de sábado, mediando Abril. La verdad no me acuerdo si hacía frío o calor. Con la espontaneidad de un saludo como si se tratara de viejos conocidos subió sus pies a los míos para no quemarse con la arena. Esa tarde caminamos tanto... No recuerdo haber caminado con otra persona durante mas de 12 horas sin notar que pase el tiempo.
La noche fue un viaje en parapente.
Ella me había hecho una marca que ya era un tatuaje que me iba a acompañar siempre. Creo que lo intuí desde el principio.
Por aquellos días lo que más nos costó, y mucho, fue buscarnos diferencias o defectos, incluso con testeos mediantes fue imposible. Quizas, estábamos tan cansados de sufrir y de desilucionarnos que teniamos miedo a enfrentarnos a nuestros propios espejos.
En esos meses yo vivia de noche. El día era solo un apeadero, donde el alma reposaba y se alimentaba por una hora.
Asi fueron pasando los días, músicas, horas enredados en los cables de Telefónica, besos y mimos de buenos días... sopas de letras. Todo fue púrpura y azul.
De hipopótamos y perfumes...
Tarde en el Abasto, paseo por Retiro, Tango en Florida, Amor en Independencia. Pienso que me hubiera detenido 20 años ahi, si era necesario... siempre le dije al oído que valía la pena. Es más, supongo que se lo estoy susurrando tambien en este momento.
Hoy...
Estoy sentado tan intrascendente, en el mismo banco, de la misma estación donde la despedí una tarde cuando se fue a reecontrar con el mar. A cada rato me arrimo al anden, con mi vista al infinito de las vias, tratando de descubrir si en un momento aparecerá una luz desde lejos.
¿Sabías que pensar, pensarme y pensarla fue la tarea a la que le he dedicado más tiempo en estas noches?
Suena la misma música de un viernes, mientras en el abrazo le susurro al oido una y otra vez, que todo ese sueño valía la pena...
y aunque ella no lo recuerde...
La quiero mucho.... mucho...
No hay comentarios:
Publicar un comentario